LA MUÑECA

Después de tantos años
de pasar por una esquina,
una triste muñeca
parece que me mira.

La muñeca era bella,
con el pelo rojo,
su cara de luna,
sus pendientes de oro.

Tenía la muñeca
una pierna rota,
zapatos azules,
ojitos de mora.

Le arreglé la pierna
que estaba muy rota,
y al sentirse mejor,
la muñeca me dio un beso
y de emoción lloró.

Ahora aquella muñeca
está muy agradecida,
porque gracias a mí,
le ha cambiado la vida.

Se hizo novia de un muñeco,
muy amante de la vida,
y cuando paso por su lado
siempre veo que me mira.

Aunque a mi me parece
que hasta un ojo me guiña,
en agradecimiento
de haberla arreglado
su pierna partida.

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