HOMBRE POBRE



Yo voy por la vida
como un pobre hambriento,
yo soy peregrino,
no quiero un convento.

A veces soy rico
con un mandamiento,
a veces soy pobre
y en todo momento.

Solo tengo atillo,
no quiero riquezas,
solo tengo llantos,
mil penas, tristezas.

Ya oigo las voces
de un coro a lo lejos
que cuando me duermo
espanta mis sueños.

Una calavera
tengo por montera,
un crucifijo en el pecho
que dio mi abuela.

Cuatro candelabros
que alumbran mis penas,
siete lamparillas,
pequeñas, pequeñas.

En el mísero asiento
donde yo me siento,
viven dos ratones
en su campamento.

Tienen tanta hambre,
que ya se han comido
la madera, el cuero,
también mi tocino.

Me voy a dormir,
a ver si un día sueño
que no existe el hambre,
ni el odio ni el trueno.

Que la raza humana
es casi perfecta,
y que mi miseria
alguien ya la entierra.

Y aunque yo sea rico,
siempre estaré hambriento…
de amores, de llantos,
risas y lamentos…

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