ENFERMO

No sabía tu nombre,
ni de que mal sufrías,
yo siempre te veía
sentado en tu silla.

Sí, aun te recuerdo
sentado en tu silla,
desde tu ventana veías
al mundo que tú querías.

Tu semblante era muy triste,
a veces me sonreías,
y me decías adiós
con una pena marchita,
yo a veces intuía
que tenías el alma herida.

Dejaste de ser niño,
y tú ya lo sabías
que aquella lesión de tu cuerpo,
te llevaría a una eterna agonía.

No sabía ni sé tu nombre
pero yo sabía lo que querías,
querías ser un hombre
de risas, llantos y alegrías.

Han pasado muchos años,
más de quince se diría,
y tú sigues aun mirando
por esa ventana fría,
viendo como cae la noche,
viendo como llega el día.

Me gustaría saber tu nombre,
hombre sentado en esa noche fría,
para decirte que todo tiene un porqué
en esta rápida y fugaz vida.

Tú y yo lo ignoramos,
pero quizá en la otra vida,
tú serás un elegido,
y yo estaré siempre en la orilla...

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