ERA UNA TARDE



Era una tarde,
sí...era una preciosa tarde
cuando me dio su último beso
en aquel banco del parque.

Hoy he venido,
y me he sentado
en aquel banco del parque
y he sentido su calor
y sus besos celestiales.

Una voz dulce y tranquila
me iba diciendo en voz baja:
este es el sitio, seguro,
donde ella se sentaba.

El cielo se puso gris,
y en aquellos manantiales
donde nos amamos tanto
cuando caía la tarde,
ya no beben las calandrias
ni se aman los amantes.

Ayer, ella se marchó,
y entre las rejas del parque,
crecieron rosales blancos
que perfumaban el aire,
el eco de su silencio
era como un fuego que arde.

Al despedirse de mí,
yo me marché de aquel parque,
me dijo adiós con el aire
y la ví a ella alejarse.

Cuando una puerta se cierra,
y el otro se marcha alejándose,
a alguno el corazón
se le para y se le parte.

Las flores están dormidas,
y el silencio de los árboles
se acunan entre los soles
que van tiernamente dorándose.

Ahora sus besos estarán
seguro en alguna otra parte,
y sus sonrisas de amor,
serán para otros paisajes.

Cruzará otras campiñas,
otros ríos, otros valles,
y estará con otro amor
en el banco de otro parque.

He besado hoy a la noche,
y he escuchado en el aire
decir mi nombre y sus risas
que me parecen distantes.

Hoy tengo al alma dolida,
y al escuchar hoy sus risas,
parece que la estoy viendo
en mi corazón dormida...

Por las noches hablo a la luna
que está llena de azucenas,
cierro mi ventana y sueño...
que tal vez...aun me quiera...

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